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Pensando fuera de la caja

03-06-2017

Uno de los atractivos más importantes en el ámbito del diseño es el de la creatividad y la innovación. Del arquitecto, en concreto, se espera que realice propuestas originales. Esta expectativa puede ser peligrosa si se convierte en el objetivo de nuestros proyectos.

Uno de los atractivos más importantes en el ámbito del diseño es el de la creatividad y la innovación. Del arquitecto, en concreto, se espera que realice propuestas originales. Esta expectativa puede ser peligrosa si se convierte en el objetivo de nuestros proyectos.

Los objetivos de un proyecto de reforma u obra nueva deberían ser las prioridades y necesidades expresadas por el cliente. Si se antepone una búsqueda de la originalidad por la originalidad a estas necesidades, corremos el riesgo de perder esos objetivos en el proceso.

Todo esto no quiere decir que la creatividad no sea un valor añadido. Sin embargo, debe ser una herramienta para conseguir objetivos y no un objetivo en sí misma. De hecho, poder sorprender al cliente con propuestas inesperadas que integran sus prioridades con elegancia y singularidad es precisamente una de las ventajas de contratar a un profesional para diseñar y llevar a cabo un proyecto de arquitectura e interiorismo.

En algunos casos concretos, la capacidad de innovar y abstraerse del problema para encontrar la solución es imprescindible para resolver los retos que plantean algunos diseños. Sin embargo, para pensar fuera de la caja hace falta experiencia, empatía y conocimiento.

Por lo tanto... ¿Cómo conseguir ser creativo? La respuesta, bajo mi punto de vista, es relativamente sencilla: la creatividad es 95% de trabajo y 5% de inspiración. El  95% de trabajo consiste en buscar alternativas, tener recursos y, sobretodo, saber cuáles son las preguntas correctas. El otro 5% es la inspiración, que procede del conocimiento y la experiencia, y de la habilidad de saber aplicarlos con acierto.

Para salir de la caja hay que ser flexible y tener capacidad de adaptación. Para mí, es una de las cosas que más aprecio y más me enriquece de mi profesión. Cada cliente que llega al despacho plantea sus deseos concretos respecto a lo que ha imaginado para su casa o negocio. Por tanto, parece poco concebible que pueda existir una única solución o variaciones de una misma propuesta para todos. Un cliente, un proyecto, un diseño.

Y a vosotros, ¿os gusta pensar fuera de la caja?

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